4 maneras de reducir la ansiedad según con las Escrituras

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La ansiedad es una “oposición” que muchas personas enfrentan. Crea dificultad y angustia en sus vidas. Aquí hay ciertas acciones que te pueden ayudar.

Nuestro hijo menor se graduó recientemente de la escuela secundaria con planes de asistir a la universidad en otoño. Debido a una serie de vacaciones y otros planes para el verano, aún no ha podido conseguir un empleo estable entre el tiempo de su graduación y su partida para la universidad. Como tal, no tiene dinero la mayor parte del tiempo.

Periódicamente recibo un mensaje de texto que dice: “Papá, ¿podrías prestarme algo de dinero para…?” Cuando recibo tales mensajes, generalmente tengo dos pensamientos.

El primero es: “Amo a mi hijo y quiero hacer todo lo que pueda por él. Quiero que se sienta cómodo y disfrute la vida. ¡Sólo dale el dinero!”. El segundo pensamiento es “¡Espera! Necesita aprender a ser responsable y a entender que el dinero no crece en los árboles. Haz que se esfuerce por ello.”

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Esos pensamientos se quedan en mi mente por un momento, y luego, después de conversarlo con mi increíble esposa, generalmente llegamos a un acuerdo que permite que la generosidad se combine con la responsabilidad.

He descubierto que nuestro Padre Celestial trabaja de manera similar. Él nos ama más de lo que podemos comprender. Quiere que tengamos todo lo bueno. Al mismo tiempo, Él sabe que debemos aprender la obediencia a través de la fe, creando así la necesidad de que sigamos Sus mandamientos para recibir bendiciones. Las Escrituras nos dicen:

“Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan; y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa.” (DyC 130: 20-21).

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Las bendiciones están ahí para nosotros, pero nuestra obediencia debe venir primero.

A menudo la gente pregunta: “¿Por qué un Dios amoroso permite tanto sufrimiento? ¿Por qué no sólo quita todo el dolor y la angustia de sus hijos?”. Para aquellos con una verdadera comprensión de nuestro propósito en la vida, sabemos que estamos aquí para ser como Dios.

Parte de ese proceso implica elegir lo bueno sobre lo malo. Esa elección se convierte en una verdadera prueba a medida que somos introducidos a la oposición. Por lo tanto, el Padre Celestial permite que haya oposición para que podamos crecer. Al mismo tiempo, proporciona formas para vencer tal oposición.

La ansiedad es una “oposición” que muchas personas enfrentan. Crea dificultad y angustia en sus vidas. Sin embargo, nuestro Padre Celestial nos ha proporcionado los medios, tanto espirituales como temporales, para disminuir los sentimientos de ansiedad y estrés. Un día, mientras leía las Escrituras, me encontré con un pasaje que me pareció una receta perfecta para reducir la ansiedad:

“Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en la mansedumbre de mi Espíritu, y en mí tendrás paz.” (DyC 19:23)

En armonía con el plan de Dios, aquí hay invitaciones a actuar seguidas de una bendición prometida. Aquí analizaremos esas acciones y cómo pueden ayudarnos a reducir la ansiedad.

Aprender del Salvador

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Como psicólogo, trato con muchas personas que luchan con la ansiedad. Hace algún tiempo, conversaba con una paciente Santo de los Últimos Días. A pesar de su esfuerzo diario por seguir los mandamientos, expresó su preocupación por una mala elección reciente que había tomado.

En realidad, su error fue pequeño y de poca importancia. Sin embargo, le preocupaba que el Salvador estuviera muy decepcionado de ella debido a su elección. Esa preocupación alimentó su ansiedad. Cuando ella expresó sus temores, pensé en el carácter de Cristo.

Reflexioné sobre Su naturaleza amorosa, misericordiosa, paciente, bondadosa y compasiva. Me tomé el tiempo para testificarle sobre el amor del Salvador por ella y cómo no creía que Él estuviese decepcionado de su comportamiento.

Escrituras

Por el contrario, sentí que estaba muy complacido con ella y que comprendía su debilidad. Me di cuenta de que parte del problema de mi paciente era que ella no sabía, o realmente no entendía, quién es el Salvador.

La primera invitación es “aprende de mí”. Actualmente tenemos una oportunidad increíble para tener un estudio regular y dirigido del Nuevo Testamento, que nos enseña sobre el Salvador en el plan de estudios “Ven, sígueme”.

Cuando aprendemos de Él, llegamos a comprender Su carácter. Una comprensión precisa de los atributos del Señor nos ayudará a apreciar cuán amable y bondadoso es. Comprender y sentir el amor del Salvador es una experiencia apacible y revitalizadora, muy diferente de los molestos tirones de la ansiedad.

Escucha al espíritu

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Recientemente tuve la oportunidad de participar de un devocional para las jóvenes de nuestra estaca en el campamento de mujeres. Entre otras cosas, hablé sobre cómo tenemos la obligación de elegir seguir las indicaciones del Espíritu Santo.

Después de mi charla, una joven se me acercó con una pregunta. Me preguntó cómo podía evitar sentir grandes sentimientos de ansiedad y enojo, especialmente cuando siente que está a punto de tener un colapso emocional. Le dije que, desafortunadamente, cuando nos encontramos al borde de emociones extremas, no hay mucho que podemos hacer para evitar caer por ese agujero.

Estar al límite significa que no se necesita mucho para que caigamos. Sin embargo, hablamos sobre lo que podía hacer para evitar llegar al límite. Una de esas estrategias fue desarrollar una perspectiva sobre los tipos de situaciones y decisiones que tienden a preceder su ansiedad y enojo. La otra estrategia era llenar su vida con el Espíritu Santo.

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La segunda invitación de las Escrituras es “escucha mis palabras”. Pienso que eso significa escuchar al Espíritu. No podemos escuchar al Espíritu a menos que estemos en sintonía con el espíritu. Estar en sintonía disminuirá la ansiedad. 

No creo que una persona pueda manejar completamente su ansiedad sin desarrollar primero una buena relación con el Salvador y Su Espíritu, lo cual incluye oraciones regulares, estudio de las Escrituras, una participación semanal de la Santa Cena y cuando sea le posible, una asistencia regular al templo.

Estas acciones aumentarán los sentimientos del Espíritu Santo en nuestras vidas. Sentiremos con mayor fuerza los “frutos del Espíritu”, que incluyen amor, gozo, paz y fe (Gálatas 5:22). Tales sentimientos disminuyen la ansiedad.

Actuar con fe

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La tercera invitación de las Escrituras es “camina en la mansedumbre de mi Espíritu”. Después de haber aprendido sobre el Salvador y Su carácter, de habernos preparado para reconocer y escuchar Sus palabras, somos invitados a “caminar”.

Caminar significa actuar. Significa hacer algo. No podemos combatir la ansiedad desde la comodidad de nuestros sofás simplemente leyendo libros o escuchando podcasts. Si bien eso puede ser una buena preparación, son insuficientes sin una acción adicional. 

Esa acción puede incluir dar tu testimonio público, ir a una tienda con mucha de gente o visitar a la familia que ministra a tu hogar. Es probable que esas experiencias sean muy incómodas para quienes experimentan ansiedad, pero ese es el punto. No podemos obtener mayor fuerza sin experimentar un cierto grado de incomodidad.

dejar la Iglesia

Creo que hay una razón por la cual las Escrituras no nos invitan a “sentarnos”, “recostarnos” o “dormir” en la mansedumbre de Su Espíritu. La invitación es caminar, lo que implica ir a un lugar diferente al que estamos ahora.

Además de caminar, debemos hacerlo con mansedumbre. Esto sugiere una buena disposición para aceptar el consejo de nuestros padres, consejeros, líderes de la Iglesia y el Espíritu Santo. La ansiedad a menudo prospera con la sensación de no tener el control, o en ocasiones en un deseo desesperado de tener un control total.

La mansedumbre es lo opuesto a esto. Busca una verdadera dirección. Permite que otros tengan influencia. Reconoce que a pesar de nuestros mejores esfuerzos, todavía somos débiles y necesitamos ayuda tanto mortal como divina. Cuando elijamos humildemente participar de estrategias que nos ayuden a enfrentar y reducir la ansiedad, encontraremos el éxito de acuerdo a nuestros esfuerzos constantes.

Siente la paz del Señor

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Después de haber empleado fielmente la combinación de aprender, escuchar y actuar, tenemos derecho a la bendición prometida: “En mí tendrás paz” (DyC 19:23). Recuerda las palabras del Salvador durante la Última Cena:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Juan 14:27)

La paz del Salvador es diferente a la paz del mundo. La paz del mundo necesita que todo esté tranquilo. Necesita presupuestos equilibrados y cero desafíos. Necesita un empleo estable y niños obedientes. 

Pero la paz del Salvador es distinta.

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Puede dormir durante las tormentas. Puede permanecer serena mientras es condenada a muerte. Puede consolar a otros en medio de la agonía personal diciendo:

“Hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43)

La bendición de la paz del Salvador es que puede perdurar independientemente de nuestras pruebas o sufrimientos personales. Podemos seguir experimentando oposición, alimentando nuestro crecimiento espiritual, y todavía tener la paz y seguridad de que todo saldrá bien y sera para nuestro bien.

Si luchas con la ansiedad, te invito a aplicar esta receta espiritual en tu vida. Testifico que el Señor cumplirá Su promesa siempre y cuando hagas tu parte. Que Dios te bendiga para que encuentres la paz que sólo el Salvador puede proporcionar.

Este artículo fue escrito originalmente por Dr. David T. Morgan y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “4 Ways to Reduce Anxiety, According to the Scriptures

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